bioterrorismo aflatoxinas en alimentos

sábado, 23 de febrero de 2008

LA TERCERA GUERRA MUNDIAL “BIOTERRORISMO”
(3 parte)


En la simbólica tercera guerra mundial “bioterrorismo”, las armas biológicas y químicas son las “toxinas o venenos” fabricados, autorizados y utilizados vilmente por el hombre (las aflatoxinas en alimentos, los ántrax, los agroquímicos, las semillas transgénicas, los fármacos y otros). Los aliados terroristas, son las trasnacionales. Los soldados, son los cómplices. Y lamentablemente, las victimas, son los seres vivos y el medio ambiente del planeta.
A titulo ilustrativo, en las convenciones sobre Armas Biológicas y Toxinas realizadas a partir de la década de los setenta, se ha definido progresivamente a las toxinas como: - “químicos tóxicos producidos por organismos vivos”; - “sustancias tóxicas producidas por organismos biológicos, que incluyen microbios, animales y plantas”; - “material tóxico de plantas, animales, microorganismos, virus, hongos o sustancias infecciosas, o una molécula recombinante, cualquiera que sea su origen o método de producción”; - “cualquier sustancia venenosa o producto biológico que pueda ser construida como resultado de biotecnología producida por un organismo vivo”, entre otras. Igualmente, en dichas convenciones se negocian tratados relacionados entre otras temas con la renuncia de los países miembros, a la preparación ofensiva para el uso de toxinas como método de guerra (fuente: Anexo 2: Toxinas en http://www.google.co.ve/search?hl=es&q=http%3A%2F%2Fwww.paho.org%2FSpanish%2FDD%2FPED%2Farmasbiologicas6.pdf.&btnG=Buscar+con+Google&meta=).
Es por ello y, por muchos otros agentes bioquímicos, que es urgente y prioritario: a) Cambiar la forma de alimentación, los falsos alimentos, las comidas chatarras, por una nutrición equilibrada natural, sana, nutritiva e inocua; b) Eliminar los modos de producción agrícolas y pecuarios en contravención con los órdenes evolutivos, ambientales y ecológicos, es decir, se deben utilizar métodos más respetuosos del orden biológico, con la finalidad de proteger el medio ambiente y los recursos naturales; c) Prohibir el uso de las semillas transgénicas, pesticidas, agroquímicos y demás insumos agropecuarios; d) Impedir y/o eliminar la presencia de las aflatoxinas y otras toxinas de los alimentos en general. e) Analizar y mejorar los estudios epidemiológicos para controlar las enfermedades infecciosas, no infecciosas y sobre todo las enfermedades de trasmisión alimentaria (ETA), con el fin de comprender sus orígenes y su forma de propagación; utilizando las herramientas más avanzadas de la microbiología, de la toxicología y de la genética molecular. f) Diseñar e implementar un sistema de información y base de datos automatizado, centralizado y de fácil acceso, que actualice las estadísticas y, que además apoye los servicios de atención al público y la participación ciudadana; g) Diseñar leyes en pro de la protección de la salud y el desarrollo sostenible; h) Promover la articulación del sector público y privado para la producción de insumos y medicamentos según prioridades de las legislaciones sanitarias; i) Rechazar los experimentos contra la vida; j) Revisar la documentación técnica que sirve de base para la reglamentación referente a buenas prácticas veterinarias, residuos de plaguicidas, de medicamentos veterinarios en alimentos normados; entre otras.
En fin, el poder ejecutivo, legislativo y judicial a través de los ministerios e instituciones oficiales y sanitarias, debe controlar, fiscalizar y vigilar exhaustivamente la calidad, inocuidad y seguridad de los alimentos, los insumos agropecuarios, las medicinas, la biotecnología, entre otros. Claro está, no se quiere significar con ello, que el ESTADO es el responsable y culpable absoluto de esta problemática.
En este sentido, resulta oportuno plantearse la siguiente interrogante: ¿El Estado fabrica los alimentos, los agroquímicos, las semillas transgénicas, los fármacos u otros? O, ¿son las trasnacionales y las empresas privadas?.
Evidentemente, se puede aseverar, que la falta de certificación de inocuidad y seguridad de los alimentos y afines, presenta dos directrices fundamentales. En primer lugar, la empresa fabricante, puesto que, descuida el control de calidad (¡quien sabe sí intencional y conscientemente!) sin importarle las consecuencias irreversibles y nefastas que ocasionan sus productos, tanto en el organismo como en el medio ambiente.
Pero en segundo lugar, dicho compromiso recae colateralmente, en la falta de inspección, vigilancia y fiscalización eficiente por parte de los funcionarios públicos que laboran en las aduanas e instituciones sanitarias oficiales.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, perdonen mi atrevimiento, pero estoy segura que los más idóneos para desenmascarar a los aliados terroristas y a los cómplices de esta simbólica tercera guerra mundial, son forzosamente, los auténticos, éticos, comprometidos, incorruptibles y dispuestos profesionales en materia agroalimentaria, los médicos, los bioanalistas, los toxicólogos, los epidemiólogos, los investigadores, los inspectores y/o funcionarios públicos sanitarios, entre otros.
Sin embargo, las personas conscientes, responsables, dedicadas, altruistas e incansables, también somos aptas para combatir ésta y otras guerras bioquímicas. Además, los venezolanos y venezolanas disfrutamos no solo de poder ciudadano, poder comunal, contraloría social, entre otros, sino que contamos con un dictamen judicial, relacionado con una intoxicación alimentaria por aflatoxinas (fuente: http://barinas.tsj.gov.ve/decisiones/2007/octubre/804-15-4782-511.html).
Asimismo, la población venezolana goza de las armas más potentes del mundo para acabar con este genocidio, como son: la verdad, el amor, la libertad de expresión, la cooperación, la solidaridad, la fraternidad, la justicia social, la equidad, la empatía y sobre todo, apuntamos hacia un objetivo o sueño común: “conquistar la paz mundial”.

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